EN EL TRAZO, NUESTRA PERSONALIDAD
Etiquetas: escritura, espiritual, expresion, gesto, habilidad, representacion, torpeza, trazo, zen
Alguien trazo un linea con un lápiz sin pensar, automáticamente, mientras navegaba por otros sitios. Luego miro lo hecho, sintió curiosidad y comenzó a divagar sobre este acto casi irracional.
Desde un punto de vista más general, estos temas están presentes en el trabajo de un artista, aun en obras aparentemente planas, de tratamiento de superficies o tridimensionales, ya que el trazo habla de cuestiones relacionadas con la seguridad y la decisión en el acto creativo.
Para la filosofía Zen y los chinos en general, la escritura, el trazo, el gesto y la disposición espiritual con que se enfrenta una obra, componen una expresión integral sistémica. El trazo en tanto expresión del artista, es el alma y trazar el recorrido, representa el cuerpo, de alguna manera el gesto.
Nos quedamos con la convicción de que cada uno de nosotros tiene trazos, seguros, líneas plenas y continuas, que realizamos sin despegar el lápiz del papel o tal vez, líneas irregulares, discontinuas, “peludas” y éstas supuestamente responden a seguridades o inseguridades, según la explicación del psicólogo de artistas.
En realidad y con el ánimo de definir que el tema de inseguridades no debemos relacionarlo solamente con este tipo de gesto plástico y sin contradecir al analista, una vez que hayamos resuelto nuestra inseguridad, debemos elegir el trazo con él daremos personalidad a nuestra obra. A veces necesitara que lo mostremos seguro y otras irregular y torpe.
En varias oportunidades, por experiencia propia y teorías expresadas por artistas famosos, es necesario incentivar la torpeza, dejar a la mano izquierda que conduzca las acciones del gesto, en caso de que la derecha sea la hábil. De esta forma aprenderemos, aprovecharemos esa circunstancia para averiguar que sucede cuando dejamos de controlar absolutamente todo con la razón.
En ese momento, cortamos la relación de lógica con nuestro cerebro y sometemos las acciones a la pasión, dejando que el azar sea el campo de acción y el sentimiento quien guía.
Pese a todos los esfuerzos que hagamos para representar a la realidad en un soporte, sólo será una representación. Solo una metáfora de la verdad. Qué mejor que presentarla con toda la emoción necesaria a fin de que quede claro que es nuestra obra, contiene nuestra identidad.
La torpeza, nos mostrara nuestra verdadera personalidad. Decía Borges: “Quizás la historia universal, es la historia de unas cuantas metáforas”. Después de todo entonces, es un agradable camino el de la construcción de metáforas y mucho más en la búsqueda de un trazo propio, nuestra firma.
Trazo, escritura y gesto, entonces cuestiones ligadas. Todo ello deja una “marca”, concepto que en algún lenguaje contiene a los tres conceptos. Para salir un poco de la idea que trazo y gesto, refieren solamente a carbonilla y lápiz y es un poco más, signa el camino global de la pintura. Pensemos por un momento en ejemplos, distanciados en el tiempo, como Van Gogh y Juan Manuel Sánchez (argentino contemporáneo).
En el primer caso, pinceladas violentas irregulares, gestos y colores producidos por impulsos y el gesto lo que personaliza su obra. Sánchez, cuyo color y temática son impulsivos y enérgicos, su trazo es continuo, prolijo y regular, sin embargo también construye una fuerte personalización.
Al igual que la escritura, el trazo en la pintura, recrea la relación dinámica y espiritual con la obra, no hay un punto final, es un camino, puede tener una pausa entre obras pero finalmente la obra será un conjunto, un mensaje continuo.
El error es susceptible de corrección, basta una repetición y vuelta al centro del pensamiento. Era Picasso quien decía: “yo no busco, encuentro”. En caligrafía y pintura no es recomendable el arrepentimiento, lo mejor será encontrar una forma o lenguaje, continuo, enriquecido y descubrir al cabo de varias obras, que esa y no otra es la obra.
Oscar Gagliano /23 de septiembre de 2009




