TANGO…”ENTRE GARDEL Y YO”
Nací en un barrio de Buenos Aires, crecí escuchando tangos, en casa cantaba papá, y yo aprendí las letras de los tangos como si fueran canciones de niños.
Al viejo le gustaba Gardel…y a mi también…
Un día me dijeron que al tango hay que sentirlo desde la cuna, que te llegue al alma, que al escucharlo tu corazón palpite fuerte, que sus letras te marquen la vida, el paso del tiempo…
Que en cada rincón de Buenos Aires, en sus calles respire tango, eso es lo que seguramente sintieron mucho de sus cantores.
Al compás del dos por cuatro se hicieron famosos. Hubo muchos pero sólo uno, nos marcó para siempre.
Su voz única, su figura varonil, su porte maduro lo hicieron inmortal.
Su nombre es sinónimo de tango. Entregó su vida y su alma a este ritmo amado.
La reina del Plata, su Buenos Aires adorada, fue su cuna, la ciudad que lo cobijó con el corazón abierto.
Es sin lugar a duda Carlos Gardel, el apuesto galán de tantas películas o el cantor de apariencia varonil que le supo mostrar al mundo su arte y el encanto de su voz.
De cabellera lacia oscura, una perfecta dentadura y ese impecable peinado a la gomina.
Su rostro y su sonrisa marcaron una época difícil de borrar.
Los que lo conocieron lo describen con una permanente cordialidad, por momentos bromista, leal con sus amigos y sumamente generoso.
Vivió como un pájaro, sólo para cantar, por esto le valió el apodo del “zorzal criollo”.
No toleraba las ataduras, como un pájaro libre que no soporta la jaula por dorada que sea.
Con igual elegancia vistió el traje de muchacho de barrio que el smoking de gala. Pero el barrio continuó en lo íntimo, estando en su corazón, como la llama secreta que alimentaba lo mejor de su espíritu.
Sin embargo, su visión del mundo se ensanchó al recorrer países y tratar con otras personas. Así, con admirable asimilación, él que en lo fundamental era hombre de tango, interpretó magníficamente otros ritmos, sin dejar nunca e ser él mismo.
Se equivocan quienes lo consideren un bohemio. Gardel fue un hombre de exigente disciplina, tanto para estar en línea, cuidándose de los desbordes posibles, ya que había sido gordito de muchacho, de un régimen alimenticio como para vigilar y educar su mayor tesoro: la voz.
Artista integral, cantor incomparable, discreto actor, deportista, turfman, hombre de mundo, que hablaba con toda corrección francés, algo de inglés, y se expresaba en castellano con sobria elegancia cuando debía hacerlo, fuera de su aporteñado idioma de entre amigos.
Gardel fue un intuitivo extraordinario, un creador de melodías, un intérprete de buen gusto, de nivel cultural muy superior en fineza y elegancia.
De su voz todo salía ennoblecido…
¿Quién puede comparársele en su género?. No ha nacido aún quien lo sustituya. Gardel todavía enseña a cantar.
Nació el 11 de Diciembre de 1890 en Francia (Toulouse) a las 2 hs, De origen Francés y Argentino por adopción.
Su verdadero nombre era: Charles Romuald Gardes.
Hijo natural, de padre desconocido, su madre Berthe Gardes.
Muere el 24 de Junio de 1935 a las 15:10 hs en un accidente de aviación.
A partir de ese momento nace el mito, su recuerdo está latente en el corazón del pueblo argentino y del mundo que ama el tango.
“Gardel no fue grande, Gardel es grande y único”.
CAMINITO (Tango grabado por Gardel en 1926)
I
Caminito que el tiempo ha borrado
que juntos un día nos viste pasar.
He venido por última vez,
he venido a contarte mi mal.
Caminito que entonces estabas
bordado de trébol y juncos en flor…
Una sombra ya pronto serás, una sombra, lo mismo que yo.
II
Desde que se fue triste vivo yo.
Caminito amigo, ¡yo también me voy!
Desde que se fue, nunca más volvió,
seguiré tus pasos, caminito ¡adiós!…
I (bis)
Caminito que todas las tardes
feliz recorría cantando mi amor
no le digas, si vuelve a pasar
que mi llanto tu suelo regó…
Caminito cubierto de cardos
la mano del tiempo tu huella borró.
Yo a tu lado quisiera caer,
¡y que el tiempo nos mate a los dos!.
Letra: G. Coria Peñaloza
Música: Juan De Dios Filiberto.
“El verdadero homenaje a Gardel es el recuerdo de su pueblo, su gente, que jamás ha de olvidarlo.”
Karina Herrera.





