EL KO-I-NOOR UNA JOYA REAL
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La corona de la reina de Inglaterra tiene engarzado el famoso diamante Kohinoor, el más grande del mundo por siglos.
Se encuentra entre los más espectaculares del mundo, y es parte de las joyas de la corona Británica. Es la colección de joyas más costosa del mundo.
Tiene 105 quilates (21,6 gramos), fue tallado de nuevo en 1851, fue realizado por un prestigioso joyero de Amsterdam.
Primitivamente la piedra pesaba 186 quilates y estaba rudimentariamente trabajada por lo que carecía de brillo.
Cuando llega a manos de la reina Victoria, decide retallarlo y lo convierte en una talla oval de 108,93 quilates.
Actualmente se encuentra guardado en la Torre de Londres, hoy museo, donde se lo tiene guardado bajo seguridad. Cualquier persona puede verlo ya que se encuentra en un cuartito en penumbras dentro de una vitrina blindada.
Del tamaño de un pulgar y con un brillo extraordinario, podría decirse que ha sido la piedra más disputada de la historia.
Recorriendo su historia …
Habría aparecido hace 5 mil años en la región de Gólgota en la India, y se lo menciona en las antiguas escrituras con el nombre de Syamantaka, regalado a Krishna por Jambabantha, padre de su mujer.
La primera referencia documental que se considera data de 1304, cuando estaba en manos el Rajá de Malwa en la India.
Dos siglos más tarde, el diamante y la India fueron conquistados por el emperador Babur, un sultán que fundó la dinastía Mongol en la región.
Durante la dicha dinastía fue pasando de mano en mano, incluyendo al constructor del Taj Mahal, quien lo exhibía en su famoso trono con forma de pavo real.
En 1739, cuando el Sha Nadir conquistó Agra y Delhi, se llevó el trono completo con el diamante a su palacio en Persia.
Se dice que el fue quien lo bautizó con el nombre actual de Kohinoor “montaña de luz”.
La gema permaneció con él hasta 1747 cuando fue asesinado. Se sucedieron feroces disputas entre sus sucesores para ver quien lo heredaba.
En 1813 Shuja se las ingenió para escapar con el diamante.
El Kohinoor cambió innumerables veces de dueño a lo largo de la historia. Nunca fue vendido, siempre fue heredado o apropiado por la fuerza.
El último cambio de mano fue en 1850 cuando partió en un barco de la Compañía de las Indias desde Bombay rumbo a Londres, donde fue entregado a la reina Victoria.
El destino inquieto de la antigua piedra determinó que fuese a parar en primer lugar a una diadema, más tarde al centro de las coronas de las reinas Alexandra y Mary.
En 1936 fue incrustado en el centro de una cruz de Malta, junto con 2000 diamantes, que decoran la corona de la reina Elizabeth o reina Madre, fallecida en 2002. A su muerte la corona con su brillante adorno fue sacada de la vitrina de cristal en la Torre de Londres y puesta sobre el ataúd de la reina Madre para su velatorio.
En 1937 se lo trasladó a la corona que se hizo para Isabel II (actual reina de Inglaterra).
Este diamante cuenta con una leyenda según la cual los hombres y mujeres que lo porten obtendrán gran poderío, pero los primeros morirán trágicamente.
Un proverbio Hindú decía: “Sólo Dios o una mujer pueden usarlo con impunidad”. Esto ha creado sobre el diamante un aura maldita en torno a él.
Así sucedió con la reina Madre. La joya fue colocada en la corona que usó para la coronación de su esposo, el rey Jorge VI en 1937.
El monarca murió a los 56 años, ella vivió hasta los 101.
No sólo parece inofensivo para las damas, sino que les asegura longevidad y mucho poder.
Hasta hace casi un siglo atrás fue el diamante más grande y más famoso del mundo.
También por cierto… la joya más bonita.
Karina Herrera.




